A Shapovalov se le atragantan los Grand Slams


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A Shapovalov se le atragantan los Grand Slams

No debe ser fácil nacer con un don bajo el brazo y recibir la distinción de estrella cuando apenas se ha aprendido a caminar. Denis Shapovalov, de origen multicultural, pero de pasaporte canadiense, vive uno de los momentos más dulces de su carrera. Ocupa la 13ª posición del ranking, gracias en parte a los recientes éxitos cosechados al final de la pasada temporada. Logró estrenar su palmarés como profesional en el ATP 250 de Estocolmo, se coló en su primera final de Masters 1000 – la de París Bercy – y llevó a Canadá a su primera final de Copa Davis. Sin embargo, la suerte no le sigue en los Grand Slams, donde registra sus peores resultados. Llegaba al Australian Open 2020 como uno de los jugadores revelación la temporada pasada y uno de los que más en forma estaba, pero los majors no perdonan despistes y el joven canadiense ya está fuera del torneo.

A sus 20 años, ‘Shapo’ se ha convertido en uno de esos tenistas que integran la NextGen, esa savia nueva de jugadores que romperán la hegemonía del Big3 e iniciarán un nuevo capítulo en la historia del tenis. Eso en teoría. Pero al igual que sus homólogos, Shapovalov no ha contribuido a esa transición generacional. Ser el jugador más joven del Top-20, acumular seis victorias frente a jugadores Top10 y vencer a Rafa Nadal, cuando este ocupaba la segunda posición del ranking, no resulta suficiente dadas las expectativas generadas en torno a su figura. Volvemos al debate sobre si es adecuado dar tanto pábulo a un tenista en ciernes, cuando quizás no dispone de una fortaleza mental tan desarrollada para soportar el empuje mediático. Ahí no entro, lo que sí es necesario reseñar es que existe un patrón entre a quienes se les concede formar parte de la llamada ‘nueva generación del tenis’: jugadores completos, con un tenis poderoso, buenos tácticamente y físicamente inconmensurables, pero con una mente todavía en formación. Hasta el momento, el canadiense es otro paradigma más de lo complicado que es llegar a la élite y desafiar a quienes la gobiernan, especialmente en los Grand Slams.

Shapovalov posee importantes dotes tenísticas: un juego completo y un característico revés a una mano, que recuerda a épocas pasadas pero en versión actualizada. Un jugador que no tardó en demostrar su potencial y pronto comenzó a introducir su nombre en los cuadros finales de los principales torneos. En los campeonatos de una semana, especialmente aquellos que se disputan en pista dura, son donde el canadiense se muestra más competitivo. De los siete títulos que ostenta entre torneos ATP, Challengers y Futures, cinco son sobre dicha superficie. Pero ni su predilección por jugar en determinadas condiciones le privan de los pobres guarismos que tiene en los cuatro ‘grandes’ de la temporada, sin duda el punto más débil de su hoja de ruta.

Precisamente, uno de los hechos que llevo a poner el foco sobre ese joven de melena rubia y gorra del revés fue la actuación en un Grand Slam. Hay que remontarse a 2015, durante la edición junior de Wimbledon. Allí el canadiense se proclamó campeón después de superar en la final a otra joven promesa como Alex de Miñaur. En el apartado de dobles, aquel mismo año, conquistó el US Open formando dupla con su compatriota Felix Auger-Aliassime. No obstante, la situación cinco años más tarde y con once participaciones en torneos de Grand Slam no es positiva. Y se agrava más si atendemos a sus resultados en tierra batida y hierba. Entre ambas superficies suma 16 desus 90 victorias como profesional, solo dos en Grand Slam.

Su primera presencia en el cuadro final de un major fue en Wimbledon, el lugar que le vio nacer y que ahora es donde ostenta los peores registros: solo ha conseguido una victoria en tres participaciones. Sobre la tierra batida de Roland Garros la situación es parecida: una victoria en dos participaciones. Queda constatado que el juego de Shapovalov necesita de modificaciones para ser competitivo durante todo el curso tenístico y así aspirar a meterse entre los diez mejores del mundo. Cuando echamos un vistazo a sus estadísticas en el US Open y el Australian Open, encontramos una leve mejoría en sus prestaciones. De hecho, el complejo de Flusing Meadows (Nueva York) es el escenario más propicio para ver la mejor versión de juego del canadiense, y es que no hay nada como jugar cerca de casa y sentirse apoyado por los tuyos. En 2017, su año de debut en el US Open, deslumbró al público norteamericano alcanzado la cuarta ronda del torneo. Fue apeado por Pablo Carreño en tres tie breaks, pero por el camino dejo nombres importantes como Daniil Medvedev, Jo-Wilfred Tsonga y Kyle Edmund. Desde entonces, suma dos terceras rondas. En Australia también sabe lo que es ganar más de un partido en una misma edición, lo hizo la temporada pasada cuando llegó también a tercera ronda. Un año antes, en su primera participación en las Antípodas, ganó un partido y perdió otro.

El pasado lunes Denis Shapovalov protagonizó la sorpresa de la jornada inaugural del Australian Open 2020 después de ser derrotado por Martin Fucsovics en cuatro mangas (6-3 6-7 6-1 7-6). Asombró a propios y extraños por el rival, pero sobre todo por el estado de gracia que vive el canadiense tras realizar una recta final de la temporada pasada pletórica e iniciar el nuevo curso volviendo a meter de nuevo a su país entre los ocho mejores de la nueva ATP Cup. Se trata de un borrón más en su recorrido en los Grand Slams, pero este tendrá si cabe un sabor todavía más amargo. Pues este parece ser el año señalado para ver a ese jugador del que tantas maravillas hemos oido hablar, pero del que todavía no hemos visto nada extraordinario. ¿Qué es lo que tiene cambiar para dar un salto cualitativo? Todo pasa por mejorar su tenis. Esa es la base sobre la que cimentar otros aspectos fundamentales para ser competitivo durante dos semanas como aprender a gestionar la presión en los momentos importantes, gestionar el físico y defender la condición que le impone ser el número 13 del mundo. Tsitsipas, Thiem, Medvedev o Zverev, miembros de la NextGen y asentados en el Top-10, también tuvieron que cambiar el chip para aprender a competir al máximo nivel durante 15 días. Por el momento, ya ha dejado escapar la primera de las cuatro oportunidades para demostrar que aquella distinción de estrella que se le otorgó no es prematura o errónea.


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