La vuelta de Jesús Méndez, entre la tragedia de su hermano y "las cosas simples de la vida"


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La vuelta de Jesús Méndez, entre la tragedia de su hermano y

En Vélez me costaba levantarme a las mañanas, iba fastidioso a los entrenamientos y no era feliz”. Jesús Méndez fue tajante aquel 23 de febrero de 2019 a la hora de anunciar su retiro en la Villa Olímpica de Vélez. Una tragedia familiar, el suicidio de su hermano en 2015, fue lo que terminó de inclinar la balanza para alejarse un tiempo más tarde de las canchas y estar cerca de su familia, sobre todo para aferrarse al amor de su hija. En aquel entonces, el mendocino tenía 34 años y, a pesar de no haber sufrido lesiones importantes, prefirió dejar atrás sus pasos por River, Olimpo, St. Gallen de Suiza, Rosario Central, Boca, Independiente y Tuloca. Y eso que en el país fue un privilegiado y sin contar con un representante: se dio el gusto de disputar los clásicos más importantes del fútbol argentino, incluso su gran nivel lo llevó a jugar en la Selección Argentina de Diego Maradona en 2010. Hoy, a casi un año, el jugador sintió la necesidad de reencontrarse con la pelota, pero esta vez para defender los colores de un equipo de su provincia, Deportivo Maipú.

-¿Por qué anunciaste tu retiro a principios de 2019 y después de un año volviste a las canchas?

-Tenía seis meses más de contrato en Vélez, pero no había jugado mucho. Lo venía pensando hace tiempo, estaba un poco cansado. En su momento me llamaron varios equipos, pero era reciente mi decisión. Después pasó el tiempo, me contactaron y me agarraron las ganas de volver. En el medio estuve ayudando a mi papá con su finca, ya que tengo cinco hermanas y soy el único hombre que quedó después del fallecimiento de mi hermano.

-Se acerca el 29 de enero y es un día especial para vos, ¿en qué cambió tu vida?

-Cambió mi forma de pensar y mis prioridades, como estar con mi familia y mi hija. Lo que pasó es muy duro, lo aprendo a sobrellevar día a día, pero me cuesta superarlo. No sé si lo voy a lograr. Siempre lo recuerdo con una sonrisa, él era un ser muy especial, una persona muy humilde y sencilla. Era un gran hermano y un gran hijo, se lo extraña mucho. Muchos piensan que la vida del futbolista es linda, pero no es fácil. Es sacrificado como cualquier otro trabajo. Tenemos nuestras responsabilidades y nos toca andar viajando de un lado al otro.

-¿Cómo se portó el mundo del fútbol con vos en ese momento tan particular?

-Muy bien, estoy muy agradecido. Los primeros días tenía muchos mensajes de compañeros y de técnicos que tuve y que no. Justo estaba en Independiente y desde ese entonces iba a dejar el fútbol, pero tanto el apoyo diario de ellos como de la gente hicieron que siga jugando.

-¿Te atormentaba en cancha alguna consecuencia física o psicológica?

-Uno para jugar tiene que estar bien en todos los aspectos y más en el alto rendimiento. Y yo quería parar un poco para estar más estable en lo personal. Fue un momento difícil porque estuve dos semanas en Mendoza y tenía que definir mi futuro porque tenía un contrato. Apenas llegué, Jorge Almirón enseguida me mandó a la cancha. Fue raro porque estaba shockeado. Por ahí me tocaba jugar y lo hacía bien, pero no me daba cuenta. Necesitaba desahogarme. Me tocó hacer el duelo solo porque mi trabajo estaba en Buenos Aires, sin mis seres queridos. También repercutió en mi físico, ya que había perdido ocho kilos y me costaba.

-Siempre hablaste de Dios e incluso te tatuaste la imagen de tu hermano… ¿Te aferraste mucho a la religión? ¿Tenés idea qué fue lo que ocurrió o por qué lo hizo?

-Sí, somos una familia de católicos. Nunca me enojé con Dios por lo que pasó, siempre con su ayuda se sale adelante. Ahora mi vida no es la misma, todo este tiempo estuve sacando conclusiones, pero eso lo guardo para mí porque no soy nadie para juzgar. Solo mi hermano sabe qué pasó, obviamente que no habrá estado bien. En mi familia somos muy unidos, nunca hubo problemas. Lo que recuerdo es que ese día había tenido conflictos con gente con la que andaba en el día a día, pero nada de cosas malas. Ahora ya está, solamente lo recuerdo con mucho cariño y amor de hermano. Siempre rezo por él para que descanse en paz, es un dolor que uno lleva en el alma y siempre lo voy a extrañar.

-Muchas veces los hinchas se preguntan del otro lado del alambrado por qué los jugadores la pasan mal si tienen plata, fama y contactos… ¿Qué es lo te dio y que te quitó el fútbol?

-A veces, la gente critica sin saber lo que uno pasa. Nosotros también somos humanos. El fútbol siempre lo tomé como un trabajo, soy una persona que se crió en un barrio humilde y tengo bien en claro los valores. Nunca me la creí. Estoy agradecido al fútbol, me gusta, pero siempre lo hice con la intención de sacar adelante a mis papás porque éramos siete hermanos. Nunca nos faltó nada, pero sí darles una mano a ellos. El dinero es lo de menos, va y viene. La gente piensa que uno la pasa bien por los lujos. Por ahí hay jugadores a los que les gusta ser reconocidos y tener dinero, pero va en cada uno. La vida continúa cuando termina el fútbol. La realidad es que somos todos iguales, solo que tenemos distintas profesiones. El deporte educa, enseña y ayuda a sacar a muchos chicos de diversas situaciones. Yo tengo amigos en todos los equipos que jugué, eso me deja muy contento.

-Jugaste en los equipos más grandes del fútbol argentino y participaste de los clásicos más importantes… ¿Te das cuenta lo que lograste?

-Me di cuenta cuando dejé de jugar, no soy de mirar los partidos. Estaba un poco saturado y quería vivir la realidad del día a día. Me siento orgulloso y en cada equipo me han tratado bien, a pesar de jugar bien o mal. Dejé lindas amistades y hasta el día de hoy me hablo con los allegados. El fútbol argentino no es fácil jugarlo, la presión es distinta. Es muy intenso, todo eso del fútbol moderno, que se juega con GPS y que hay que mirar 100 millones de videos. Pero el fútbol es igual en todos lados: si no pedís la pelota, no jugás. Uno cuando pierde se va preocupado porque somos profesionales y siempre queremos dar lo mejor.

-¿Cuáles son tus sueños y que proyectas a futuro?

-Hoy vivo el día a día, sobre todo después de lo que pasó con mi hermano. No pienso lo que va a pasar dentro de un mes porque hoy estamos y mañana no. Ojalá Dios quiera que podamos estar. Yo creo que cumplí la mayoría de mis sueños: tengo a mi hija, mis papas, hermanos y sobrinos. Mi familia está bien de salud. Quizá me quedaría un sueño con Deportivo Maipú y las cosas salgan bien y que podamos lograr el ascenso y que el fútbol mendocino crezca un poco más porque hay futbolistas muy buenos. También me encantaría volver a Central, donde estuve a punto de ir después de Vélez, pero no se dio, como colaborador o algo por el estilo. Ojalá Dios quiera. Lo quiero mucho al hincha, fue el club en el que más años jugué, incluso para volver a Primera.




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