El Seis Naciones ofrece un parche para el debilitado nivel de juego

El Seis Naciones está de vuelta, y representa una solución a corto plazo para los problemas del rugby. El campeonato cubrirá temporalmente las grietas del deporte, ya que se reavivarán las viejas rivalidades con caras nuevas en los planteles.

El Grand Slam de Gales el año pasado parece ser una conquista de otra época más que un suceso de otro año. Desde entonces, se fueron entrenadores, se retiraron jugadores y se incumplieron topes salariales.

Les damos la bienvenida a cuatro nuevos entrenadores: Andy Farrell reemplaza a Joe Schmidt en Irlanda, Wayne Pivac debe llenar los enormes zapatos de Warren Gatland en Gales, Fabien Galthie aceptó el desafío de convertir el potencial en rendimiento en Francia, y Franco Smith se encuentra temporalmente a cargo del equipo azzurro. También hay nuevos capitanes: Stuart Hogg se ofreció como capitán de Escocia y le dieron el visto bueno. Luca Bigi liderará a un conjunto italiano que se prepara para la vida sin Sergio Parisse. Jonathan Sexton reemplaza al retirado Rory Best en Irlanda, y Charles Ollivon liderará a una renovada selección francesa.

Entre tanto, tenemos un establecido seleccionado inglés, al menos en términos de selección y personal. Como finalista del Mundial del año pasado, no sorprende que arranque este campeonato como favorito, pero hasta ahora el tema de conversación se ha visto dominado por el escándalo de rugby más grande del que se tenga memoria. El descenso de Saracens de la primera división de la Premiership de Inglaterra por no respetar el tope salarial perseguirá a la selección de Inglaterra; siete de los 34 seleccionados juegan en el desacreditado campeón europeo. La misión de Eddie Jones es dejar todo eso de lado y garantizar la unidad en un plantel donde habrá unos cuantos hombres molestos por las revelaciones de las últimas semanas.

Jones les ha planteado un desafío a sus jugadores: convertirse en el mejor equipo de la historia. Este incuantificable pedido es una manera de superar el dolor de la derrota en la final del mundial del año pasado. Es una manera de ponerle punto final a ese capítulo. Su renovado cuerpo técnico marca un nuevo comienzo, pero seguramente veremos una alineación familiar en los primeros partidos. Deberían apuntar al Grand Slam.

Cada año, todos los entrenadores dicen que el actual será el campeonato más competitivo hasta la fecha. Se hace aburrido, pero éste tiene un sentimiento latente de imprevisibilidad. Gales tuvo un buen desempeño en el mundial, llegó a semifinales, y tiene una interesante combinación de juventud y experiencia lista para dar todo en este campeonato. Pivac acertó con las incorporaciones de hombres como Martyn Williams y Sam Warburton al cuerpo técnico galés, para dar un toque familiar detrás de un grupo que emprende un nuevo camino después de 12 años de Gatland. El eterno Alun Wyn Jones sigue capitaneando un plantel repleto de familiaridad con cinco caras nuevas, entre ellas el prolífico Louis Rees-Zammit, de 18 años.

Andy Farrell tiene la tarea de construir sobre las bases impuestas por Joe Schmidt en Irlanda, pero también tiene que encontrar la respuesta del porqué nunca parecen lograr el impulso necesario en la Copa del Mundo. El torneo del año pasado terminó con un lamento en la etapa de cuartos de final, después de que el equipo parecía tan prometedor en 2018. Farrell además debe que encontrar la manera de hacer que sus estrellas entradas en edad puedan conservar su estado físico, y tienen que pensar en darle prioridad al planeamiento a largo plazo por encima de la gratificación a corto plazo.

Lo mismo va para Escocia. Su actuación en la Copa del mundo fue para el olvido y su preparación para el Seis Naciones se ha visto afectada por los desacuerdos de Gregor Townsend con Finn Russell. Necesitan hacer que las aguas vuelvan a su cauce, o podría ser otro campeonato que termine de manera familiar: una victoria prometedora y después, al final, sólo mediocridad. Eso no es aceptable, sobre todo si tenemos en cuenta que Francia tiene un equipo revitalizado que, si logra fusionarse, podría pasar a ser la fuerza que hace tiempo todos esperan ver.

Francia representa lo que está bien y lo que está mal en el rugby. Tiene mucho talento y deseo de ganar, pero nunca han podido romper el ciclo del Seis Naciones y los cuatro años de la Copa del Mundo. En su mejor versión, hacen un juego atractivo y dinámico. En su peor versión, son autodestructivos e insurgentes. El escuadrón de 28 hombres de Galthie cuenta con algunos jugadores sin caps y también es excitante e impredecible. Pero si lo hacen bien – respaldados por la selección lógica – Francia puede tener chances de ganar este campeonato.

En cuanto a Italia, no hay un atajo para resolver sus cuestiones en cuanto a su campañas en el Seis Naciones. El resultado de cuatro cucharas de madera consecutivas es algo abismal. Conor O’Shea ha preparado las bases para Italia, reconstruyéndose por medio de la evolución por encima de la revolución a corto plazo, pero ahora necesitan conseguir los resultados dentro de la cancha. Franco Smith es la opción temporaria, pero necesita volver a encender el fuego en los forwards para que vuelvan a ser los de antes. También necesitan hacer que el torneo no se convierta en un ‘arrivederci’ prolongado para el inmenso Parisse; se va a retirar contra Inglaterra en su último partido, pero también necesitan avanzar y mirar al futuro en vez de seguir enfocándose en el pasado.

El rugby enfrentará algunos desafíos fundamentales en el transcurso del próximo año. La nueva regla de tackles se está probando alrededor del mundo, mientras que las normas son confusas con muchos pequeños detalles de las mismas siendo ignorados por los árbitros. Esa ha sido una de las principales preocupaciones de Eddie Jones de cara al Seis Naciones y además se ha enfocado en todo lo que pueda hacer que el rugby siga siendo relevante por medio de una competencia que inspire y sea atractiva para los nuevos fans.

Durante las próximas siete semanas, necesitamos alentar las jugadas aventureras y ambiciosas. ¿Podremos tener estrellas en ascenso capaces de inspirar a la siguiente generación y, sobre todo, muchos tries electrizantes que puedan empujar al juego más allá de los límites? Si eso llegase a suceder, entonces este juego podrá comenzar su proceso de sanación para volver a recuperar la fe.

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