Pakistán y la magia de la Copa Davis


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Pakistán y la magia de la Copa Davis

El cambio de formato de la Copa Davis tiene ventajas e inconvenientes. Como todo en esta vida, cada uno lo ve de la forma que quiere. Algunos alaban ese dinamismo, explosividad y rapidez que el formato “encapsulado” de una semana le dota a la máxima competición por equipos, mientras que también existen esos nostálgicos que echan de menos los mágicos ambientes creados por las aficiones de las selecciones locales, además de los partidos a cinco sets. Mientras se jugaban las eliminatorias clasificatorias a las finales de Madrid, también tomaban lugar duelos por el Grupo Mundial I y Grupo Mundial II.

La magia de ver a tenistas como Basilashvili y especialmente Tsitsipas (que jugó en una pista de arena difícil de explicar en Manila) enfrentarse a tenistas que luchan por sobrevivir en Futures (algunos ni tan siquiera tienen ranking) solo podía darse bajo el formato de la Davis. Es una de las cosas que, en una dosis mayor, pueden echarse de menos, ya que acaban siendo un acontecimiento único. Pero hubo una eliminatoria olvidada, en parte por el componente meteorológico. Una eliminatoria que se convirtió en una de esas historias difíciles de explicar.

¿Cuál sería su reacción si les digo que, este jueves, en el sorteo para dirimir quiénes pelearán por un lugar en el repechaje del año que viene, estará un país que no tiene ningún jugador con ranking ATP en individuales? ¿Qué cara pondrían si, además, les digo que solo uno de ellos tiene ranking de dobles? Probablemente se pregunten cómo ha llegado hasta ahí esta nación, mientras que países que cuentan con tenistas en el top-20 ni tan siquiera estarán este sorteo.

Viajemos hacia Islamabad, Pakistán. Una nación marcada por la religión y los constantes conflictos con su vecina India, especialmente por un territorio altamente militarizado: el de Jammu y Cachemira, que ha sufrido el azote de las guerras durante más de tres periodos. Curiosamente, en noviembre de 2019 estos dos países se midieron para determinar quién jugaría los partidos para clasificar al Grupo Mundial y quién quedaría relegado a disputar las eliminatorias del Grupo 1. Todo esto, claro, bajo un territorio neutral: Kazajistán. Y esto provocó el enfado del conjunto pakistaní, que reclamaba la localía que le correspondía (el último duelo directo entre ambos se disputó en Mumbai, territorio indio). A pesar de tener el OK de la ITF en cuestiones de seguridad, una queja formal del equipo indio provocó el cambio de parecer del organismo. La situación, claro, provocó el boicot de la nación musulmana, que mandó a Kazajistán un equipo de tres adolescentes que ni tan siquiera están en el top-400 junior. Era una forma de protestar ante lo que ellos consideraban una injusticia.

Con las políticas marcando el devenir de la eliminatoria, Pakistán cayó y tuvo que conformarse con disputar el Grupo 1. ¿El rival? Eslovenia, un país con un arsenal sólido de jugadores que conocen perfectamente el circuito ATP. Lógica mediante, el único escenario plausible era una victoria del equipo europeo.

Pero la serie viajaba a Islamabad, y este es territorio de historias de cuento. Los dos jugadores que disputarían el individual son las mayores leyendas tenísticas de este país. Por un lado, Aisam ul-Haq Qureshi, finalista de Grand Slam (junto a Bopanna, indio) y ganador de dos Masters 1000… pero en la disciplina de dobles. La influencia del jugador de Lahore es enorme: Aisam siempre ha sido un activista, consciente de la función social y de tender lazos que tiene el deporte en un territorio que necesita de ello. No obstante, junto al propio Bopanna empezaron a vender merchandising que advocaba por la paz: “Stop war, Love Tennis, Love India/Pakistan”, rezaban sus camisetas. Por otro lado, Aqeel Khan, cuyos últimos duelos en individuales se remontan a Futures en 2018 jugados en su país.

39 y 40 años, respectivamente, y un historial en individuales no demasiado halagüeño. La eliminatoria tomaba tintes épicos desde el principio, con fuertes lluvias que obligaron a aplazar toda acción hasta el lunes. Nueva semana y la leyenda Qureshi en pista para enfrentarse al número 700 del mundo, el esloveno Nik Razborsek. Si bien las condiciones (localía, superficie propicia para su juego de saque y volea como la hierba) pueden contextualizar una posible sorpresa, hay que remontarse a enero de 2018 para encontrar la última victoria en individuales de Aisam. Y, cómo no, bajo las especiales condiciones de una eliminatoria de Copa Davis.

El duelo se fue a las más de 2 horas y 20. Todo parecía perdido cuando, tras un frenético duelo, Razborsek sacaba para partido con 5-4 en el tercer set. Pero Qureshi no había dicho su última palabra: rompió el saque del esloveno en blanco y sentenció en el tie-break de forma arrolladora (7-1). Primer punto Pakistán.

Lo que ocurriría a continuación sería el no va más. Khan se enfrentaba a Blaz Kavcic, un tenista con mucha más enjundia que su compatriota, ganador de muchos Challengers y cara conocida del circuito. De hecho, parecía que la eliminatoria volvía a su cauce natural cuando el esloveno endosaba a Aqeel un rosco en el primer set. Ese 6-0, sin embargo, acabaría siendo un espejismo: tras salvar cuatro (!) bolas de partido en el segundo set, Khan mandó el partido a un tercer set con el que partió con break de ventaja. Nunca lo volvió a soltar.

La euforia era entendible: Pakistán estaba a un solo partido de poder medirse en septiembre a potencias como Argentina, Chile u Holanda. Imagínense a tenistas como Schwartzman, Garín o Bublik pasar por el Centro Nacional de Tenis de Islamabad. Es algo impensable, que solo la magia de la Davis puede provocar. Pero es posible, ya que los héroes de la serie sellaron en el dobles una eliminatoria sacada de cuento.

¿Hasta qué punto es importante esta victoria para Pakistán? Escuchemos qué opina Qureshi sobre su lugarteniente Aqeel: “Siempre jugamos por el orgullo de nuestra nación y esta vez lo hicimos de nuevo por nuestra patria. Aqeel Khan es el héroe olvidado de Pakistán y ha servido a este país durante los últimos 20 años. Se merece ser condecorado con la Medalla al Mérito en deportes. Espero que sus servicios sean reconocidos pronto”. Cuando una sola eliminatoria de Copa Davis genera semejante impacto, uno entiende hasta qué punto el deporte tiene la capacidad de unir a la gente y hacerla olvidar otros conflictos.

De momento, Pakistán sigue soñando. Qureshi, Khan y compañía esperan a las mayores figuras tenísticas en casa, dispuestos a ponerles la alfombra roja (para ellos, la hierba). Dos héroes para un país que mantienen viva el sabor de la Davis de antaño. Y de qué forma.


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