La mejor versión de Novak Djokovic


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La mejor versión de Novak Djokovic

Pocas leyendas del mundo del deporte han convivido tanto con la derrota y construido con tanta necesidad su lugar en el tenis desde ella como Novak Djokovic. Es muy extraña esta afirmación para hablar de quien va camino de ganar más que nadie, pero esto fue así para el de Belgrado durante los llamados ‘años de plomo’ del tenis masculino, los de una dictadura bicéfala que también pasó por encima de Novak. Llegado a la élite en 2007, con una final del US Open, y hasta enero de 2011 viendo como sólo un grande llevaba el nombre del número 1 del mundo –Australia 2008-, ese periodo de derrota continua y dictadura interminable es parte indisoluble de un tenista que ha dominado la segunda década del milenio como sólo los más grandes lo han hecho.

En las últimas semanas, nos hemos preguntado en ‘Punto de Break’ qué versión ha sido la más determinante de quienes, precisamente, impidieron a Novak ser quien fue antes de tiempo, Roger Federer y Rafael Nadal. Sin embargo, con Novak es más difícil establecer en qué momento de su carrera podría señalarse al mejor Djokovic. En ese sentido, como ocurre con el suizo, sí que hay dos años que sobresalen, en títulos y dominio, sobre todos los demás: 2011, año de explosión del balcánico, y 2015, temporada en la que seguramente más factores se juntaron para ver el llamado ‘prime’ del hoy número 1 del mundo.

Como ocurre con las comparaciones de dos versiones distanciadas en el tiempo, hay que ponderar el plus de experiencia y aprendizaje que el último puede argumentar a su favor, mientras la energía y plenitud física, el factor positivamente inconsciente y guerrero, corren a cuenta y cargo del más joven de los ‘Noles’ comparados.

Empecemos por el principio.

No debe separarse de esa primera gran versión el contexto en el que suceden las cosas. Como introducíamos, Djokovic es un jugador castigado por Roger y Rafa, haciendo directamente proporcional la relación derrota-hambruna de títulos. Por eso, en parte, se vino todo de golpe. Una vez Novak comenzó a ganar, no quiso parar, pero seguramente tampoco podía haberlo hecho de haber querido. Lo suyo fue una inercia que llevó 43 partidos frenar. De algún modo era completamente coherente que cuando abriera la presa, se desbordara. Novak tiene en esos días una deuda consigo mismo que se cobra con un derroche de energía física y gestual propias del que es joven y ha esperado demasiado tiempo. El colmillo afilado y las miradas más demoledoras del serbio se citan en un periodo en el que Novak es más fuego que nunca. Todo el tiempo. Corre, defiende, ataca y celebra de forma catártica.

Siendo determinante el cambio de dieta que le vio rendir a cinco mangas con una increíble resistencia y frescura, aquel Djokovic es uno que lleva a su culmen tanto el componente físico como el de ritmo en su juego, el cual tendrá que esperar para conocer su mejor versión. Novak todavía tiene mucho margen en determinados golpes o aspectos del juego, pero compensa de manera abrumadora a base de golpes de fondo de primer nivel, fruto de su talento natural, y una defensa, contragolpe y crecimiento en lo mental y competitivo que hablan de lo que estaba por venir.

Es ese Djokovic endeudado el que explica semejante derroche de victorias y sometimiento pero no el que deja por legado el punto de mayor madurez táctica y técnica que va a alcanzar después. Por eso, tras un inevitable apagón tras el US Open, agotado de tanta victoria y producción de adrenalina, con el paso del tiempo, el serbio, que no va a abandonar más el estatus de top-3, sí que va a experimentar un periodo más tranquilo, menos devorador. En 2012, 2013 y 2014 sólo ganará un grande por temporada. Otro lapso de tiempo que va a dar paso al Djokovic definitivo.

Con muchas temporadas acumuladas, Djokovic da continuidad a esa necesidad entre los mejores por marcar diferencias. Aparece la figura del ‘supercoach’, sin apartar al entrenador principal, y Novak encuentra en Boris Becker ese plus táctico y mental con el que apuntalar las zonas menos primorosas de su juego, caso del servicio y el juego de finalización. Con el alemán de su lado, asistimos a la consumación de un tenista que ya suma 28 años, la edad perfecta, y que tiene de su lado la vigencia física, el control de las emociones, la capacidad de adaptación y regulación, y un control táctico del juego completamente elevado.

Por establecer diferencias pero no comparaciones, este Djokovic que termina levantando dos títulos, Wimbledon y US Open, y que despega en el invierno y la primavera de 2016, hasta los Juegos Olímpicos, es un Novak que camina más que corre, que cede menos pista, que parece no acelerar mientras ahoga con golpes medios a las esquinas, que alcanza un grado de equilibrio y claridad en su juego puede que insólitos en la historia del tenis.

Entendiendo que no ha pasado tanto tiempo como ocurrió entre el Federer 2006 y el de 2017, sabiendo que el factor físico no es tan importante a favor del primero, y que las mejoras implementadas, internas y externas, jugaron a su favor, quizás podríamos establecer que sí, que el de 2015 es un Djokovic más completo. Dicho de otro modo, el Djokovic de 2015 podía ser momentáneamente el fuego competitivo del pasado pero también el hielo reflexivo que el paso del tiempo, todavía no limitante con su físico, le concedió.

¿Qué pensáis?¿Fue mejor el Djokovic de 2011 o el de 2015?


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