La Copa ganada en Qatar multiplica los panes

(Por Walter Vargas) Es notable cómo las emanaciones de la Copa del Mundo ganada en Qatar, de la que se cumplirá un mes este miércoles, exceden con holgura lo que per se ha representado una extraordinaria gesta colectiva y abre las compuertas de dichosas derivas individuales: en primera fila, Paulo Dybala.

Antes del Mundial, el muchacho de Laguna Larga era visto por una buena parte de la cofradía futbolera argenta como una especie de Doctor Jekyll y Míster Hyde. Brillante en sus equipos, apagado con la camiseta Albiceleste.

Si semejante lastre pesaba en el mismísimo Lionel Messi, ¿por qué no habría de pesar en Dybala, en todo caso víctima del célebre abrazo de oso que conlleva una expectativa copiosa?

Es decir, por algo Dybala porta desde su adolescencia el ajustado apodo de “La Joya”.

Por algo debutó en la Primera de Instituto a los 17 años, llevó de la mano al Palermo derecho a la Serie A y por algo se mantuvo tanto tiempo en un club de la lujosa trayectoria de Juventus.

Y no como partiquino o en un papel secundario, sino más bien como actor principal o partícipe necesario de unas cuantas de la docena de vueltas olímpicas que dio con “La Vecchia Signora”.

Ya que estamos: en el coloso de Turín sumó cerca de 300 presencias, 115 goles y 47 asistencias.

De hecho, está en el top 10 de sus máximos anotadores, detrás de nueve próceres que incluyen a Alessandro Del Piero, Giampiero Boniperti, Roberto Bettega, David Trezeguet, Enrique Omar Sívori, Felice Borel, Pietro Anastasi, John Hansen y Roberto Baggio.

Un crack químicamente puro, Dybala, que en buena medida se había reconciliado con la Selección el 1 de junio de 2022, en Wembley, cuando aportó el tercer gol contra Italia en la conquista de la Copa de Campeones Conmebol/UEFA.

No faltará, desde luego, el maledicente que objetará el grado de influencia de Dybala en la conquista del Mundial.

Pues ante ellos bastará con reponer dos datos: en la última jugada del partido consumó un cruce digno del defensor más ducho (un providencial puntinazo que desaceleró las palpitaciones de un posible gol decisivo de Kylian Mbappé) y después aseguró su remate y rubricó la primera ventaja argentina en los penales.

¡Había que ver la cara de felicidad del cordobés en los festejos! ¡Tan aniñado y feliz como todos, o más todavía!

No bien terminada sus vacaciones, el muchacho de la zurda aterciopelada tomó las cosas donde las había dejado en Qatar.

Volvió el 8 de enero en el empate 2-2 versus Milan; cuatro días después recibió una estruendosa ovación en el Olímpico y un gol suyo a Genoa significó el pase a los cuartos de final de la Copa Italia y ayer señaló los dos goles de la victoria frente a Fiorentina que impulsan a “La Loba” a una expectante posición en el grupo que aspira a meterse en las copas internacionales.

Ya genuino ídolo de la afición de la Roma (por caso: batió el récord de camisetas vendidas en 24 horas), puntal del exigente entrenador luso José Mourinho, Paulo Dybala, joya si las hay, disfruta hoy de las merecidas mieles de un campeón del mundo con todo en su lugar.

Con información de Télam

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