Manu Ginóbili: la eternidad es el pedestal de los elegidos

SPRINGFIELD — Son 110 los kilómetros que separan Springfield de Uncasville, Connectitut. La autopista limpia, el cielo despejado, y el verde de los árboles acompañan el recorrido. El GPS entra en modo protagonista y me pregunto si realmente existió un momento en el que la gente llegaba a sus destinos sin usarlo.

Respiro hondo y empiezo a pensar hacia atrás. Son muchos los escenarios imaginados en este momento. Han pasado solo dos días aquí y parece que ha sido una vida entera. Recuerdos, imágenes, situaciones. Trato de buscar algo triste que acompañe a Manu Ginóbili, pero es difícil. Casi imposible. ¿Dónde estaba cuando pasó esto? ¿Te acordás del partido aquel en San Antonio? ¿Y el día que hizo tal cosa? Vibra el teléfono con cada mensaje, con cada protagonista que se suma a la celebración. “Que suerte que podés estar allá en este momento”, me dicen desde Argentina. Y esta vez no puedo hacer otra cosa que aceptarlo. Sí, es una bendición, para qué negarlo.

Lo disfruto con todo lo que puedo, registro imágenes en modo éxtasis con el teléfono, pero mucho más que eso con los ojos. Clickeo todo con la vista porque quisiera no olvidarme de nada. Principalmente de Ginóbili y lo que alguna vez fue. De los que los acompañaron, los que lo ayudaron, los que están acá y los que deberían estar y no pudieron llegar por miles de razones. El sobre con su apellido empieza a cerrarse. Es el principio del final. Juntos, tendremos dejarlo en el buzón y avanzar hacia lo que el destino depare a partir de ahora. El deporte argentino después de Manu, de manera oficial.

Ni más ni menos que eso.

Llegar al Mohegan Sun, reserva india, confunde ya desde el parking. No es un casino como dicen las autoridades del Hall of Fame: es un monstruo que impacta por su tamaño. Locales comerciales, tiendas de comidas, centros de convenciones, un todo en uno que parece haber sido extraído de Las Vegas. El ingreso elegido no parece ser el mejor: por la parte trasera, son alrededor de cuatro cuadras hasta el lobby, subir una escalera, pasar un restaurante de Michael Jordan (sí, temático de Su Majestad. Imposible no entrar a espiar) y llegar finalmente al destino: el Cabaret Theater, donde empezaremos a vivir el sueño. Estoy por llegar, a escasos metros del destino, y, entonces, Charles Barkley. Y empiezan a aparecer genios de la NBA que luego serán muchos más: Bill Walton, Dikembe Mutombo, Chris Mullin. Serán muchos más con el correr de las horas.

Ingresamos al recinto cerca de las 14 horas estadounidenses. No había más de 100 periodistas de todo el mundo en la sala. Agua y gaseosas ubicadas en fuentes con hielo. El personal de prensa dio tres sectores claros para ubicarse: sillas adelante, sillones confortables en segunda fila y un tercer sector más alejado. Vivimos este momento al centro, en los sillones, debajo de la zona de cámaras. El lugar perfecto. ¿Cómo se llevó a cabo? Transmisión para el mundo de NBA, nueve inducidos que tomaron el micrófono y luego espacio para preguntas de los presentes.

Aún no lo sabíamos, pero Manu Ginóbili, el plato principal, llegó para el cierre. Pero vayamos, como corresponde, paso por paso.

EL COMIENZO DE LA INDUCCIÓN AL HALL OF FAME

Marc Spears, periodista de ESPN.com, fue el encargado de conducir el evento con un teleprompter que ofició de ayuda memoria para evitar un olvido imprevisto. “Celebramos hoy el comienzo de la inducción de personalidades que dieron la vida por el deporte”, dijo John Doleva, CEO y presidente del Naismith Basketball Hall of Fame en el comienzo de la mini ceremonia.

El mítico coach George Karl fue quien pasó al frente para hablar luego de las palabras de Doleva. “Estoy tan feliz de estar aquí. Creo que mi formación en el básquetbol empezó con Dean Smith. Fue un viaje maravilloso que se corona hoy con esto. El deporte conecta más las amistades y eso he tratado de hacer durante mi vida. Gracias de verdad”, dijo, visiblemente emocionado. Y el auditorio estalló en un aplauso conmovedor.

Uno a uno fueron pasando las futuras leyendas. Segunda fue Lindsay Whalen, quien hizo un racconto de su carrera y valoró el crecimiento de la mujer en el deporte. Siguió Bob Huggins, el hombre de las 900 victorias en 40 temporadas. “¿Las razones de mi éxito? Tener buenos jugadores”, bromeó. Marianne Stanley dijo sentirse “bendecida por el honor de integrar esta clase” y agradeció a compañeras, jugadoras y entrenadoras a lo largo de su carrera.

Tim Hardaway, el ex crack de los Golden State Warriors y Miami Heat, entre otros, contó como se enteró de su llegada al Hall of Fame. “Fue muy emocionante recibir la noticia de algo así. Estaba temblando, sudando. Le conté rápido a mis hijos, a mi mujer. A Chris (Mullin) y a Mitch (Ritchmond). Ingresar al Hall no es algo de todos los días”.

Respecto a su cross-over, la jugada que lo diferenció del resto de los mortales, Hardaway mostró que su estilo desfachatado que siempre mostró dentro de la cancha, lo tiene hoy afuera “teníamos solo tres canales y un sótano sin terminar. Pasaba todo el día con la pelota y así fue como aprendí a dribblear. En las calles de Chicago también aprendí como hacerlo. De los jugadores de hoy, me gustan Kyrie Irving, Chris Paul, Steph Curry y Kyrie Irving. Pero mi cross-over asesino no lo tiene ni lo tuvo nadie”, bromeó Tim.

Leo Montero, colega de ESPN, despertó la curiosidad de Hardaway. Le explicó que existía una conexión de él con Manu Ginóbili. “Cuando era chico, la única camiseta que tenía Manu era la tuya, Tim”. “¿En serio? No lo sabía. No me contó eso”, dijo entre risas. “Sí, puedes preguntarle”, agregó Leo. “Eso haré”, completó Tim.

Ya habían pasado casi dos horas y la ansiedad ganaba terreno. Pero todavía faltaba camino por recorrer. Fue el turno de Theresa Shank-Grentz y de Del Harris, quien dijo que era “un honor inmenso haber contribuido al desarrollo del básquetbol a lo largo y ancho del mundo”. Remarcó que pudo entrenar a Kobe Bryant siendo un jovencito de solo 17 años, a Shaquille O’Neal en el mejor momento de su carrera y a Magic Johnson en el epílogo. “Kobe y Shaq pueden haber sido los mejores jugadores que entrené, sin dudas”, señaló.

Swin Cash, quien hoy trabaja en la oficina frontal de los New Orleans Pelicans y fue una estrella de la WNBA, fue más escueta en su testimonio: agradeció a todos los que la que la ayudaron en su carrera pero destacó especialmente “el trabajo de Bill Laimbeer para ayudarla a crecer en todo sentido”.

Ya no había lugar para nada más que Manu. “Four NBA Champions, gold medalist in Athens 2004, sixteen seasons with the Spurs…”

El momento, entonces, es ahora

EL CAMINO A LA ETERNIDAD SEGÚN MANU GINÓBILI

Manu subió al estrado con la soltura de una visita a Bahiense del Norte. El código de vestimenta señaló “sencillo”. Remera gris, jean y zapatillas rumbo a lo que luego sería la fiesta privada en la que recibiría el saco y el anillo alusivo al Hall of Fame.

“Esto para mí era inalcanzable. Ilógico. Nunca ni siquiera me había propuesto conseguirlo, no pensábamos en estas cosas de chicos. De hecho, ningún argentino había podido jugar siquiera en la NBA. Es muchísimo más de lo que alguna vez soñé”, dijo Manu, quien comenzó su discurso en inglés y luego contestó también en castellano.

Justo antes de romper el silencio, se sumó Leandro, su hermano mayor, a la zona central de prensa. Abrazo rápido a velocidad, saludo casi de susurro. Mientras Emanuel hablaba, Leandro filmaba. “El lugar es increíble, la movida alrededor es fantástica. Es una cosa muy importante, un reconocimiento a una carrera global. Es un orgullo gigantesco”, dijo luego de la conferencia de prensa el más grande de los Ginóbili sobre lo que había conseguido este viernes el más chico.

“Fui drafteado por una de las mejores franquicias. No es normal lo que pasó, estuve dieciséis años seguido con el mismo base (Tony Parker), el mismo ala-pivote (Tim Duncan) y el mismo entrenador (Gregg Popovich). Estoy aquí porque jugué en equipos increíbles. Esto no es un premio mío, esto es de mucha gente, de entrenadores, fisioterapeutas, compañeros, todos los que me ayudaron. Siento que fue un trabajo de equipo, quiero aprovechar para reconocer a ellos”, siguió el ex escolta de Spurs.

Bill Walton, desde uno de los palcos, observaba atentamente lo que ocurría. Todos querían preguntarle a Ginóbili, el más requerido por muchos cuerpos de ventaja respecto al resto. Mientras esto ocurría, seguían llegando al Mohegan Sun varios de los personajes que iluminaron su carrera. Allí estaban de nuevo Huevo Sánchez, su primer entrenador en Andino de La Rioja y amigo íntimo de la familia, Julio Lamas, ex entrenador de la Selección Argentina, y varios de sus compañeros de la Generación Dorada: Pepe Sánchez, Fabricio Oberto, Luis Scola y Gabriel Fernández. El Chapu Nocioni, en tanto, preparó su viaje para arribar el sábado.

“Es fantástico que el mundo del básquetbol lo reconozca de esta manera. Cuando uno lo ve desde la objetividad tiene sentido, pero al conocerlo de tan chico esto parece irreal, un sueño inalcanzable. Es increíble. Manu es increíble. Estar acá es algo único”, dijo Pepe a ESPN. “Manu es un elegido en el mundo del básquetbol”.

“Es un momento único poder estar acá. No creo que se vuelva a repetir algo así. Cada vez que estaba en la cancha nos daba un plus y él siempre pensaba en el equipo. Es el más ganador en porcentaje de triunfos. El premio de Sexto Hombre de la NBA debería tener su nombre”, dice Oberto.

Ginóbili ahora hace una pausa para recordar a la Selección Argentina. Su impacto fue tan grande que Jerry Colángelo, hoy en el Hall of Fame y antes CEO de USA Basketball, dijo al respecto al cierre de la cita: “Se conocían de memoria. Había grandísimos jugadores, pero Manu era el motor. Aprendimos muchas cosas con ellos”.

“No hubo nunca un premio individual que yo no haya tomado como de equipo. Jugué 18 años en fila en la Selección. Tuvimos mucha suerte, dos jugadores de jerarquía internacional por puesto, fue una bendición sin igual esa Generación. Pudimos ganarle a Estados Unidos dos veces y ser campeones olímpicos. Y lo logramos porque queríamos realmente ganar. No queríamos sacarnos fotos con los NBA, queríamos tener nuestra oportunidad. Y se dio”, dijo Manu.

Tim Duncan será quien presente a Ginóbili el sábado en su inducción al Hall of Fame. “Tenemos una relación de amistad, además de haber vivido momentos deportivos inigualables. Estoy feliz de que sea un Hall of Famer como Tim el que me ayude en este paso”.

“¿Momento inolvidable? Son muchos, pero elijo los campeonatos de 2005 y 2014 con los Spurs. Con la selección está claro que siempre las fechas claves se recuerdan los triunfos, pero lo que más destaco son los momentos de convivencia. Con los chicos con los que seguimos siendo amigos, pero también con entrenadores, asistentes, fisioterapeutas, médicos, utileros… eso pasa todos los días y se recuerda con mucho cariño”, dijo Manu. “Supongo que me recordarán en algunos años por mi foco en el trabajo grupal y la ética de trabajo. La tenacidad la traje conmigo de fábrica, creo que eso no se entrena”.

Uno a uno, empiezan a llegar las celebridades de la NBA camino al Convention Center. Aparece Tony Parker y a lo lejos conversan Bowen con Hardaway y Nick Van Exel. Pasa con su traje naranja John Calipari y Rudy Tomjanovich. La constelación de estrellas de distintos espacios y épocas forman el universo perfecto.

Unidos, caminan junto a sus familias rumbo a una reunión de camaradería que servirá de propósito para que los inducidos reciban el anillo granate de diamantes y el célebre traje naranja que simboliza la llegada oficial al grupo selecto. Sin acceso a la prensa, solo para familiares y amigos. Allí están los hijos de Manu vistiéndolo con un manto que significa reconocimiento perpetuo. Respeto, tradición y trascendencia. Y aquí estamos nosotros, los terrenales, contemplando una escena digna del Gran Pez: genios caminando por una alfombra roja, rumbo al comienzo de un homenaje único que no tendrá segunda parte. Recuerdos de piques grabados a fuego. Leyendas de televisión de tubo y VHS hermanándose con el mundo de las redes sociales. La unión de generaciones que hicieron felices a muchos fanáticos. De esto, definitivamente, se trata trascender.

Lo que empezó en Bahía Blanca encontrará su punto máximo en Springfield. Emanuel David Ginóbili, sea usted bienvenido al Salón de la Fama.

La eternidad, una vez más, es el pedestal de los elegidos.

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