Pablo Prigioni: “Entrenar a la Selección es un lujo que me doy y ojalá pueda sostener”

Tuvo poco tiempo para pensarlo y asumir la responsabilidad. Tan vertiginosa fue la decisión, que Pablo Prigioni asumió el martes 30 de agosto como entrenador del seleccionado argentino de básquetbol y el sábado 3 de septiembre ya dirigió su primer partido ante Islas Vírgenes en la Americup disputada en Recife. Apenas 8 días después, consiguió su primer título en su nuevo cargo, de manera invicta y nada menos que ante Brasil.

Inmediatamente después de la consagración, Prigioni viajó a Estados Unidos para retomar su vida en Minneapolis, en donde es uno de los asistentes del coach Chris Finch en Minnesota Timberwolves. Antes de meterse de lleno en el planeta NBA, el cordobés conversó en exclusiva con ESPN y analizó el éxito continental: “En estos torneos, necesitás tener calidad y hacer muchas cosas bien para ser campeón, no solo una o dos, pero básicamente gana el que más lo desea y el que más está dispuesto a poner el laburo en cada posesión durante cada partido. El mejor es el que más aguanta la concentración a medida que el campeonato avanza. Son torneos intensos de muchos partidos en pocos días, entonces hay muchos equipos que no son capaces de sostener la concentración a medida que pasan los días, se diluyen. Con la Selección Argentina muchas veces empezamos más o menos y a medida que avanza la competencia, el equipo se va compactando, se va enfocando, está dispuesto a sufrir y a llegar hasta las últimas consecuencias para obtener el objetivo. Más allá de llegar como llegamos, con todas las dificultades que hubo en los días previos, los chicos fueron capaces de enfocarse en lo importante que era el torneo que tenían por delante, pasaron página y recorrieron el camino partido a partido. Cada juego se fue construyendo de a poco, desde la defensa y siempre respetando eso que tiene Argentina en ataque que se pasa el balón y que juega en equipo, básicamente”.

Prigioni había formado parte del cuerpo técnico de Sergio Hernández en los entrenamientos previos a los Juegos Olímpicos de Tokio. Y había repetido la labor con Néstor García, a quien reemplazó en el cargo de entrenador principal. El coach, declarado ciudadano ilustre en Río Tercero, su ciudad natal, le atribuyó el mérito principal del logro a los jugadores y explicó cómo realizó su trabajo: “Es un grupo que compitió ya en varios torneos, varias finales -quizás este grupo más Luis-. Se conocen mucho entre ellos y disfrutan de jugar juntos, que son las cualidades que siempre ha tenido la Selección Argentina. Entonces, en mi cabeza estaba la idea de simplificar. En momentos como este, menos es más. Busqué clarificar cuestiones defensivas, ofensivas y rotaciones. Hicimos una lectura de los rivales para preparar los partidos lo mejor posible y eso no fue un mérito personal sino de todo el cuerpo técnico. Lo principal era ofrecerles las cosas claras a los jugadores: ‘Esto es lo que hay, esto es lo que vamos a jugar, esta va a ser la rotación, así es este rival y así tenemos que jugarle’. Terminaba ese partido y pasábamos página al siguiente. Eso es lo que aporté yo desde mi lugar. A medida que fue pasando el torneo, metí algunas cosas nuevas y utilicé los tiempos muertos y los inicios de los partidos para sumar acciones que no habíamos entrenado, pero que poco a poco al repetirlas en cada juego los chicos las iban a ir incorporando”.

La final de la temporada 2004-2005 de la liga ACB de España quedó en la memoria de todos los que la vieron por cómo Real Madrid venció a Baskonia cuando parecía imposible. Y cada tanto, reaparece el recuerdo a través de las redes sociales por una frase de Prigioni, en caliente, recién salido del vestuario, en la que dejaba expresamente clara su posición ante la existencia de Dios. La definición de la Americup, en la que el último intento de tres puntos del brasileño Lucas Dias bailó en el aro y salió, no modificó la postura de Prigioni, quien sí le da un valor de influencia a la suerte. “No tengo ningún vínculo con Dios, así que no tengo mucho que decir al respecto. Lo de la frase después de la derrota contra Real Madrid fue algo puntual, habían pasado muchas cosas esa temporada y fue un final muy cruel, entonces tuve esa reacción espontánea. Con Dios no hay vínculo”, dijo Pablo. Luego, se explayó sobre la suerte: “Es necesario tenerla. A veces el balón quiere entrar y otras no. No hay que mirar solo los tiros. En un pase alguien la toca y podría haberlo interceptado, pero por medio milímetro el balón se desvía o no se desvía y cae en las manos de otro. Podés pisar la línea lateral en una penetración o la línea de fondo y por medio centímetro lo hacés o no. ¿Tuviste suerte? Capaz que sí. En un juego ese factor influye, pero creo que Argentina fue el mejor del torneo en líneas generales y merece todo el crédito.

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La desvinculación del Che García fue intempestiva. El bahiense dirigió el 29 de agosto en el triunfo contra Bahamas por la clasificación al Mundial y al día siguiente ya no era el director técnico del seleccionado. Los motivos quedaron en la intimidad del entrenador saliente. Así lo vivió Prigioni: “No fue lo ideal lo que pasó. Tener que hacerme cargo del equipo de esa manera no fue algo agradable, sino que fue una situación de emergencia que había que resolver en poco tiempo. Antes que nada, está Néstor como persona y lo importante es que él pueda superar el momento, recomponerse, seguir adelante y volver a entrenar”. El flamante campeón explicó cómo se adaptó rápidamente a la nueva función: “Algunas cosas que habíamos metido en la previa seguían, porque yo estuve en toda la preparación y eso fue una ventaja. No es que mi primer contacto con el equipo fue dos días antes del torneo, sino que estuve veintipico de días en toda la preparación, en los partidos, así que tenía mucho visto, además del conocimiento que tengo de los jugadores”.

Cuando Prigioni decidió no jugar más en la Selección Argentina, luego del Mundial 2014, ofreció un motivo muy claro: Facundo Campazzo y Nicolás Laprovittola merecían hacerse cargo del puesto de base. Ellos dos, Marcos Delía y Carlos Delfino, actuales referentes del equipo junto con Gabriel Deck, fueron compañeros de Prigioni. Además, el riotercerense dirigió a Patricio Garino (ausente de la Americup por lesión) y Delfino en Baskonia, y a Leandro Bolmaro en los Timberwolves. Evidentemente, tenía un amplio conocimiento de los protagonistas antes de tomar las riendas del campeón de América. “Tenía mucha confianza en el equipo porque conozco a los jugadores, tengo relación con muchos. Entonces, yo confiaba en ellos y por eso estaba trabajando como asistente. Mi pensamiento cuando pasó todo fue: ¿qué es lo mejor para este equipo? ¿Cómo puedo ayudar a este grupo que lleva un mes preparándose y que a falta de tres días para empezar el torneo le ocurre lo que pasó? El hecho de tener relación con ellos, de conocerlos y que ellos me conozcan a mí hizo todo mucho más fácil”.

EL FUTURO YA LLEGÓ

Los próximos compromisos del seleccionado argentino son las dos ventanas que faltan para definir la clasificación al Mundial. Tanto en noviembre (ante República Dominicana y Bahamas, ambos de visitante) como en febrero (frente a Canadá y República Dominicana, los dos de local), Prigioni continuará al frente del equipo. El entrenador explicó cuál es su situación: Mi trabajo principal es aquí en Minnesota, esta es mi base. Haber colaborado con la Selección en la Americup se dio de esta manera especial. Tuve un fuerte apoyo de la franquicia, y también de mi familia, para poder entrenar al equipo en el torneo y para que pueda seguir haciéndolo en los próximos compromisos. Ahora lo que tengo que ver y descubrir es si soy capaz de hacer las dos cosas bien en el en el tiempo. Además, si es algo que voy a poder llevar bien en cuanto al cansancio y al tiempo que le quito a mi familia para estar con la Selección. Entonces, este año que sigue es una buena prueba para mí para poder estar en los partidos de Eliminatorias para el Mundial, ya que Minnesota me facilitó y me animó a que esté en las dos ventanas que quedan. La idea es ver si somos capaces de conseguir la clasificación, ya que todavía necesitamos algunas victorias. No está fácil por alguno de los cruces y por la falta de los jugadores principales del equipo en esas ventanas. Si nos clasificamos, también iré al Mundial y hasta ahí llega mi cabeza. Después del Mundial, evaluaría si esto es un sobreesfuerzo que tengo que hacer o hay costos que tengo que pagar por tener los dos trabajos al mismo tiempo y si soy capaz de asumirlos y mantenerlos en el tiempo o no. Este año va a ser bueno para mí para descubrir eso”.

Su experiencia con dos trabajos simultáneos es reciente. De hecho, el inicio de la temporada de la NBA y la próxima ventana de Eliminatorias para el Mundial será el primer momento fuerte de superposición de tareas para Prigioni. “No puedo hablar de las ventajas de trabajar a tiempo completo o no para la Selección porque no he vivido situaciones en ese sentido y solamente acabo de entrenar al equipo en el primer torneo. En mi caso no puedo estar sin trabajar y solo entrenar a la Selección. Mi trabajo está aquí en la NBA y entrenar a la Selección es como un lujo que me doy que ojalá pueda sostener. Siempre pienso que es mucho mejor estar activo, que te hace estar más afilado en las decisiones que tomás”, dijo el cordobés.

Argentina se ubica tercero en el grupo E, con 6 triunfos y 2 derrotas. Prigioni, con la cabeza fría como les recomendó a sus jugadores en el último tiempo muerto de la final, ya avanzó hacia los próximos pasos: “Tengo algunas ideas que ya hemos tratado con el cuerpo técnico cuando estábamos en Brasil, mientras se jugaba la Americup, porque yo sabía que en el momento en que llegara a Minneapolis mi cabeza se tenía que enfocar en mi trabajo de acá. Estamos muy próximos a empezar la preseason, tenemos muchas reuniones por delante de cara a una temporada que será muy intensa. Intenté anticiparme a muchas cosas durante la estadía en Brasil para enfocarme en lo en lo que me corresponde acá en la NBA. Así que hay algunas ideas y en algún momento nos reuniremos vía Zoom con el staff para darle el último empujón, pero ya tenemos definido bastante de cara a la siguiente ventana en cuanto a la organización, dónde entrenar, cómo entrenar y una lista de jugadores que pensamos que van a estar disponibles. Ya hicimos mucho trabajo avanzado para que no solo yo, sino Gonzalo (García) en Boca, Leo (Gutiérrez) en Olímpico y Guido (Fabbris) en Obras, podamos enfocarnos en lo que nos corresponde a partir de ahora”.

En el Eurobasket que se disputó al mismo tiempo que la Americup y que consagró, una vez más, a España hubo muchos jugadores nacionalizados: Lorenzo Brown (España), Mike Tobey (Eslovenia), A.J. Slaughter (Polonia), Kendrick Perry (Montenegro), Dee Bost (Bulgaria), Shane Larkin (Turquía), John Roberson (Bosnia), Jaleen Smith (Croacia), Tyler Dorsey (Grecia), Mikael Hopkins (Hungría) y Thad McFadden (Georgia). ¿Pensó Prigioni en la posibilidad de nacionalizar a un jugador para la Selección Argentina? La respuesta es contundente: “No se me ocurrió y de hecho estoy totalmente en contra de eso. Mientras yo esté en la Selección no va a haber nunca un jugador nacionalizado de ese estilo, jugadores estadounidenses a los que les dan el pasaporte y juegan. Hay algunas áreas grises que se pueden discutir, pero de ese modo no, ni siquiera en el staff. Nadie va a ser extranjero mientras yo esté en la Selección. Cuando yo no esté, la Confederación y las personas que estén pueden hacer lo que quieran. En mi caso, considero a la Selección como lo más puro del deporte, ya que no estamos ahí por dinero sino por lo que significa la Selección y el país para nosotros. Nunca un extranjero al que le das el pasaporte va a tener el mismo sentimiento, entonces si nos toca perder porque no tenemos la calidad suficiente o no lo hacemos bien dentro de la cancha, prefiero perder con los argentinos que ganar o subir un puesto con una ayuda de alguien que no cumple con los requisitos que debería. No estoy en contra de los equipos que lo hacen porque no están violando ninguna regla, pero sí estoy en contra de la regla. Ya tenemos para jugar por dinero nuestro trabajo diario en las ligas profesionales. Ahí mezclamos todo de todas partes del mundo y no solo no tengo ningún problema con eso sino que lo disfruto. Pero cuando vamos a la Selección, quiero jugar con gente que es argentina en nuestro caso y trabajar con personas de nuestro país. Y si nos toca perder, perdemos nosotros y tenemos que hacer las cosas mejor para ganar”.

Luego de levantar la copa continental, justo 11 años después de hacerlo como jugador, en Mar del Plata, Prigioni viajó a Estados Unidos para encontrarse con algunos excompañeros que habían presenciado la inducción de Manu Ginóbili al Hall de la Fama: Fabricio Oberto, Andrés Nocioni, Juan Ignacio Sánchez, Gabriel Fernández y el propio Ginóbili. No llegó a compartir con Luis Scola, su socio ideal en la cancha, quien había regresado a Italia por su trabajo en Pallacanestro Varese. “Lamenté mucho no poder estar en lo de Manu porque no voy a tener ningún otro amigo en la vida que me invite a una ceremonia como esa, o sea que era una oportunidad en la vida y la perdí, pero fue por una buena causa. Después pude hacer una paradita rápida y verlos aunque sea unas horas en New York. Pasar tiempo con esos chicos es algo único. Hemos construido y vivido tantas experiencias y emociones juntos que cada vez que nos vemos parece que no hubiera pasado el tiempo y que hubiéramos salido recién de una concentración. Disfrutamos cada segundo y así lo viví. Fue un fin de semana muy especial porque justo fue lo del Salón de la Fama de Manu, que han estado los chicos ahí, y yo llegué después de haber ganado un título con la Selección”, dijo Prigioni.

La celebración íntima fue con amigos. Los de ese compromiso por la camiseta que los ha llevado a lugares impensados. Pablo Prigioni, rodeado de dorados, disfrutó de la medalla más linda en su primer torneo como entrenador de la Selección Argentina.

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