Tamara Dawidowicz vuelve a poner en juego "El Partidito" entre teatro, fútbol y trabajo

“El Partidito II, una revancha proletaria”, se jugará el domingo desde las 20.30 en el espacio porteño Quetren Club Cultural, como segunda parte o continuidad de “El Partidito, un delirio patronal”, ambas creaciones de Tamara Dawidowicz que combinan teatro y fútbol.

“Uno de los puntos de contacto entre el fútbol y el teatro que más me interesan, es el carácter de improvisación constante. Ese vértigo lleva a los personajes a un extremo que funciona como soporte para sublimar las presiones de un contexto laboral extenuante”, reflexiona

Dawidowicz sobre esta singular experiencia.

La actriz, directora y dramaturga apunta a Télam que “el fútbol funciona como evento deportivo para la espectacularización de la miseria cotidiana. Es extremo, podría ser distópico, pero no sorprendería que en un tiempo las empresas funcionen con una lógica similar”.

El nuevo “Partidito” que reúne a trabajadoras y trabajadores de una empresa de seguros, se ofrecerá los domingos a las 20.30 en Quetren Club Cultural, ubicado en Olazábal 1784 del Barrio Chino de Buenos Aires, con entradas a la venta a través de alternativa teatral https://bit.ly/3wEzsKU.

El elenco lo integran Natalia Andrea Badgen, Cris Bernal Niño, Magdalena Brignolo, Luciano Farías, Nela Fortunato, Montserrat Godia, Leandro Guglielmone, Martina Kobrinsky, Guillermo Robledo, Brenda Taubin yJuan Ignacio Ugüet.

El equipo técnico reúne a Santiago Piva (Movimiento y Asistencia de Dirección), Mariano Salvador Castillo (Diseño de vestuario), Fermín Kalesnik Vissio (Audiovisuales) y Leandro Obregón (Diseño gráfico).

Télam: ¿Cómo nace “El partidito II, una revancha proletaria”? ¿debe verse como una continuidad o un cambio de rumbo en relación a su primera parte?

Tamara Dawidowicz: El Partidito arrancó como un proyecto de investigación durante el 2018 sobre la posibilidad de fusión entre el fútbol y el teatro. Fuimos probando los límites de esa fusión, valiéndonos de las convenciones de cada uno, y potenciando los puntos en común. De esa investigación se desprendió la obra “El Partidito, un delirio patronal”. Estrenamos en el 2019 en el Club Estrella de Maldonado y realizamos funciones todo el año. Al ser un material propio del universo laboral, sentí que no podía volver a la escena post cuarentena tal como la habíamos hecho el año anterior. Entonces empezamos a trabajar en la secuela como un segundo episodio. Mismo universo, algunos personajes continúan, otros no. La propuesta es en espíritu la misma, ya que es una empresa que convoca a sus empleados a jugar un partido de fútbol, pero la puesta en escena incorpora nuevos dispositivos y los conflictos entre empleados y patrones se agudizan.

T: ¿Qué recogiste de la experiencia del público al asistir a “El Partidito, un delirio patronal”?

TD: Aprendimos mucho de toda la experiencia. Desde cuestiones básicas como las dimensiones ideales de la cancha (debe ser si o sí fútbol 5, más grande acentúa la fuga de atención), hasta los cuidados y tipos de calentamiento físico para les intérpretes. Profesionalizar el fútbol hace que la trama sea más rica. En el episodio 1, la puesta incluía un buffet con precios populares para completar la experiencia de cancha con la intención de colocar al espectador en un lugar de “hincha”. Ahora, si bien Quetren ofrece en su barra con bebidas y comidas, entendimos que la necesidad era profesionalizar más el fútbol y no hizo falta que eso sea parte de la puesta en escena.

T: ¿Cómo sentís que dialogan este par de obras –si es que podemos considerarlas parte de un mismo cuerpo dramático- con tu camino autoral de más de una década?

TD: Empecé a escribir y dirigir en el 2011, y en casi todos los materiales que abordé, hubo un posicionamiento social de fondo. Logré encontrar un lugar particular para hablar de lo que considerara necesario. Quiero que mis obras sean una propuesta de tema de conversación, en el mejor de los casos salís de la obra queriendo charlar sobre lo que acabas de vivir. Sin embargo me tocaron varios materiales en los que el enfoque o el tema resultaban tan golpeantes que muchas veces se imposibilitaba el diálogo. Cuando encaré “El Partidito” me propuse hacer una obra de la que la gente salga contenta, movilizada y con aristas para pensar y conversar. En un primer nivel se logra seguro porque la novedad de ver una obra que es un partido de fútbol real tiende a atrapar al espectador. Pero luego profundizando, hay quienes se quedan rumiando sobre la historia de tal o cual personaje… La obra ofrece distintas puntas de donde agarrarse.

Con información de Télam

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