Argentina, un campeón por juego y convicción

El escenario quedó vacío. El final del espectáculo no fue el que el público esperaba. Solo un puñado de hombres que desata su alegría adentro de la cancha. Argentina se consagró campeón de la FIBA Americup por tercera vez en su historia, la primera lejos de su casa.

En 2011 conducía al equipo desde adentro. Repartía la pelota, administraba los ataques para que todas las estrellas estuvieran a gusto y manejaba los tiempos de los partidos. Ahora, conduce al equipo desde afuera. Da indicaciones, diagrama jugadas, transmite tranquilidad y conocimiento, se apoya en el trabajo de sus asistentes y administra minutos para tener una rotación más larga. Pablo Prigioni, base en 2011 y entrenador en 2022, campeón de América con Argentina.

Ningún escenario lo saca de su calma. Puede disputar la final de América con casi todo el público del Geraldo Magalhães de Recife en contra con la misma tranquilidad con la que jugaba en su Colonia Dora natal. La expresión de su rostro rara vez se altera. Apenas algún festejo aislado o un reclamo por lo que él considera una injusticia inaceptable. Gabriel Deck fue el indiscutido MVP de la Americup. El santiagueño fue el máximo anotador del torneo con 21,2 puntos por partido, fue el goleador de la final con 20, tuvo un altísimo 71,2% en dobles y un 64,9% en tiros de campo. Se hizo cargo de las ofensivas cuando más se lo necesitaba. Y, por si fuera poco, metió la conversión decisiva del torneo, a 16 segundos del cierre de la final. “Yo siempre descarto lo individual porque lo importante es lo colectivo, que en este equipo es asombroso. Venimos jugando juntos desde hace bastante tiempo y a todos nos hace felices entrenar y competir con la camiseta de la Selección Argentina. Teníamos la ilusión de ganar esta Copa y la conseguimos. Hay un mérito grande de todos los que vinimos aquí”, dijo Deck apenas terminado el duelo contra Brasil.

La incertidumbre sobre su futuro profesional aún está latente, luego de dos temporadas en la NBA, con altibajos en su participación en Denver Nuggets. La creatividad, la sorpresa, los pases que atraviesan defensas, la tenacidad defensiva y el carácter de Facundo Campazzo van más allá de ese porvenir incierto. Con la camiseta argentina en su nuevo rol de capitán tras el retiro de Luis Scola, el base cordobés mostró lo mejor de su repertorio. Fue el máximo ladrón de la competencia con 3,5 robos por juego, el segundo mejor asistidor con 8,3 por partido y anotó 12,3 puntos por encuentro. En la final, con el marcador 73-71 a favor de Brasil, el reloj que apremiaba y la pelota que quemaba, Facu entregó un maravilloso pase de faja para la volcada de Marcos Delía. Magia en estado puro. “El que tenga la cabeza fría y tome mejores decisiones va a ganar el partido”, había anticipado Prigioni en el último tiempo muerto que solicitó. “Tomamos el torneo con la seriedad que se merece. Estuvimos duros y firmes cuando teníamos que estarlo y supimos superar los momentos no tan buenos. Sacrificamos mucho para estar acá porque jugar en la Selección es lo más lindo que hay”, dijo Campazzo, integrante del quinteto ideal de la Americup.

Lo que alguna vez fue una competencia por el puesto de base, se transformó en una sociedad. La adaptación a la posición de escolta en los últimos años, con énfasis en su destacada temporada en Barcelona, le dio a Nicolás Laprovittola un nuevo rol en la Selección Argentina. Lapro se ha convertido en un francotirador que cuando calienta la mano es letal: fue el tercer máximo anotador de la competencia con 16,5 puntos por partido y tuvo un 33,3% en triples siendo el jugador con más intentos desde larga distancia. “Tuvimos carácter. Hicimos mucho mérito para llegar a ser campeones. Jugamos con mucho corazón y fuimos el mejor equipo del torneo”, indicó Nicolás.

El entrenador y los tres referentes principales del plantel fueron los pilares de un campeonato que Argentina ganó por juego y por convicción: se había preparado a conciencia para ganar el torneo, superó con madurez un cambio repentino en la dirección técnica por la salida de Néstor García el día que viajaban a Brasil y tenía el personal necesario para subirse a lo más alto del podio.

“Es un torneo que estamos buscando ganar hace mucho tiempo y que por distintos motivos no pudimos. Las últimas dos veces llegamos a la final, pero éramos un grupo joven. Tenemos la espina de la final que perdimos en Córdoba en 2017. Eso nos tiene que ayudar para trabajar y motivarnos aún más”, había anticipado el capitán Campazzo en una entrevista previa para FIBA.

Y Argentina demostró que fue uno de los equipos que acudió a la competencia para ganarla ya desde la conformación del plantel: junto con Brasil, anfitrión y finalista, fueron los únicos que presentaron prácticamente los mejores jugadores que podían ofrecer.

La seriedad para plantear cada encuentro, la jerarquía individual y la construcción colectiva fueron determinantes para el campeón. El tridente Campazzo-Laprovittola-Deck fue lo más notorio, pero lejos estuvo de ser lo único que llevó a Argentina a la consagración. Marcos Delía jugó, una vez más, un torneo de alto nivel: además de sus 6 puntos y 3,7 rebotes por partido, el pivote demostró que es indispensable en la tarea defensiva y en los bloqueos en ataque para darles tiempo y espacio a sus compañeros. Carlos Dellfino, con 40 años, aportó experiencia y tuvo el mejor porcentaje de triples del equipo con 46,2. Nicolás Brussino colaboró con 6,7 puntos por encuentro y 39,3% en triples. Leandro Bolmaro, en su primer torneo con protagonismo en el seleccionado absoluto con 22 años cumplidos el día de la final, promedió 7,3 puntos y una notable tarea defensiva. Tayavek Gallizzi y Juan Pablo Vaulet aumentaron su cantidad de minutos y con ello su influencia en los detalles del juego. José Vildoza fue la rueda de auxilio de Campazzo y Laprovittola. Tomás Chapero y Máximo Fjellerup fueron los dos con menor participación.

Los tres títulos continentales que consiguió el seleccionado argentino de básquetbol los obtuvo ganándole a Brasil en la final: 2001 en Neuquén, 2011 en Mar del Plata y 2022 en Recife. La conquista como visitante tiene un valor especial, aunque a diferencia de las dos de local esta no otorgaba una plaza mundialista u olímpica como aquellas, ya que desde 2017 la Americup se constituyó en un torneo independiente de las clasificaciones a los grandes torneos y solo da boletos a los Juegos Panamericanos.

Argentina, el equipo que jugó más finales continentales (9), transitó una vez más el camino que lo llevó a los grandes momentos de su historia: compromiso, talento individual al servicio de lo colectivo y deseo de superación.

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